El poder de los pensamientos sobre el cuerpo

 

Hasta los médicos más adeptos a la farmacología saben que si alguien padece de algún mal, tiene mayores probabilidades de curarse si permanece en un entorno implicado, rodeado de afecto y de confianza.

No se trata de algo esotérico, ni de un efecto traído del más allá. La explicación del poder de los pensamientos es también un asunto de química. Cuando una persona está frente a una presencia agradable, o disfrutando de un estímulo positivo, su cerebro segrega dopamina, oxitocina y una serie de sustancias que le dan salud a las células. Lo propio ocurre cuando el estímulo es negativo, causando miedo, ira o cualquier otra emoción destructiva.

El organismo desarrolla diariamente una tarea titánica: producir cientos de billones de células nuevas para sustituir a las que mueren. También tiene que defenderse de miles de elementos patógenos que amenazan la salud. Si tu cuerpo siente que tiene que luchar cada día contra estímulos altamente negativos del entorno, ocupará toda su energía en ello y dejará de lado esas otras funciones de crecimiento y protección. La consecuencia: enfermas más fácilmente.

Determinadas molestias corporales están sembradas y cultivadas en nuestro mundo emocional. Algunas de nuestras dolencias son la consecuencia de no haber entendido algunas experiencias que nos han provocado dolor, insatisfacción o ira. Estas experiencias se quedan guardadas en nosotros y poco a poco se van reflejando en nuestro cuerpo.

En resumen, podemos decir que algunos síntomas corporales o dolencias tienen que ver con cierto grado de infelicidad o insatisfacción, resultado del apego, el exceso de control, la ira negada o no entendida, etc. Se dice que en el fondo toda enfermedad es algo que ocultamos. Si al corazón le duele, le irrita, le arde o desilusiona una experiencia, el cuerpo lo reflejara de igual forma. El cuerpo es el reflejo más inmediato de la forma en cómo pensamos y sentimos la vida.

 

Esto quiere decir que la mente y el cuerpo están directamente relacionados y la influencia que tienen el uno sobre el otro es muy poderosa. El cuerpo habla y se expresa por síntomas. Las enfermedades, los dolores, las heridas, el malestar… son síntomas de que dentro de él algo negativo está pasando. Muchas veces esto negativo sobre lo que el cuerpo nos alerta tiene que ver con nuestro mundo emocional.

Cuando nos duele algo, nos encontramos cansados, o surge una enfermedad, el cuerpo nos está avisando. Nuestra mente está interpretando una situación, quizás relacionada de manera íntima con nuestras emociones. Es hora de parar y analizar qué está pasando, cómo nos estamos sintiendo y en qué medida nos afecta.

Teniendo en cuenta siempre y como primera opción el uso de la medicina tradicional, podemos ayudarnos del poder de nuestra mente para potenciar los efectos de este tratamiento médico y de las conductas de auto-cuidado. Para poder explorar el poder que nuestra mente atesora en este sentido tenemos que darnos el tiempo, el permiso y la paciencia necesaria.

La mente equivale a todo lo que pensamos. Cada pensamiento que pasa por nuestra cabeza influye en nuestra vida y cuerpo, en nuestra realidad. Los pensamientos que más influyen nuestro entorno son aquellos a los que prestamos más atención y alimentamos con nuestra palabra, acción y reacción.

Si los pensamientos afectan nuestra realidad y cuerpo, entonces pensar en positivo podría ayudar a solucionar los problemas, enfermedades y carencias.

Para sentirnos mejor

Podemos ver que todo lo que vivimos es para algo. El mayor aprendizaje de una experiencia está en aprender. Aprender a conocernos y a aceptar. Tener una buena relación con nosotros mismos y con los demás. Aprender que hay que dejar de esperar y empezar a amarnos más para poder amar, tener paciencia y confiar, ser más compasivos, dejar de criticarnos y exigirnos de más, disfrutar lo que tenemos y permitirnos entusiasmarnos con las cosas y creernos que la naturaleza nos ha puesto todo a nuestro alcance para ser felices.

Si aprendemos a manejar las emociones que la mente siente, nuestro cuerpo minimizará el envío de señales preocupantes. Un estado continuado de cansancio, defensas bajas o constipados repetitivos pueden ser síntomas de que estamos comprometiendo a nuestro sistema inmunológico haciendo una gestión pobre de nuestras emociones. Por otro lado, al estar contentos y tranquilos, en un estado de crecimiento, descubrimiento y plenitud, segregamos hormonas y nos llenamos de energía, vida y salud.

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